sábado, 19 de febrero de 2011

Amaneceres

Tengo la sensación extraña de querer morder el mundo y gritar "soy feliz".

No creo en la felicidad como un estado permanente, si no como algo efímero, que igual que aparece coloreando tus inviernos, se puede marchar sin más. No se cuándo ni cómo ocurrirá eso, ni siquiera se si se despedirá de mí; asique, por si acaso, quédate esta noche conmigo y te disfruto por si mañana no estás.
Hoy soy implacable. Lo se. Hoy se que derrumbo montañas con las lágrimas de felicidad que se posan en este instante en mi camisa. Esa agradable sensación de querer comenzar de 0 conservando lo bueno que tenias antes. Ese carpe diem que aclimata esta noche me sabe a nueva vida.

Solo me hace falta creer en dos cosas: en este instante y en mí misma. El instante es lo único que existe, lo único que tenemos con toda seguridad; lo que te abre oportunidades y te empuja al mañana. El mañana da miedo, terror, pánico; todo lo desconocido asusta, pero qué demonios. Vivelo. Si no lo experimentas nunca sabrás si eres capaz de enfrentarte a ello. Siempre te quedarás detrás de ese muro esperando a que el viento lo derribe en lugar de subirte a él y contemplar que tras él existe más mundo. Y qué mundo.

¿Que quién soy yo? Mi propia alma adaptada a las circunstancias que destruye la posibilidad de sobrevivir para supervivir. Ir más allá de uno mismo y creer que todo el mundo puede ser feliz ; aunque solo sea durante el tiempo que uno emplea en describir esa sensación.

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